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Diez

05 jul 2010

Logo décimo aniversario Viavansi

Prácticamente sin darnos cuenta hemos cumplido diez años. ¡Cuantas cosas han ocurrido desde que comenzamos esta aventura en un módulo de veinticinco metros cuadrados en el que cabíamos todos, y aún sobraba espacio!. Atrás quedaron amigos como Arturo cuya acusada personalidad impregna aún muchos aspectos de esta empresa.

A veces añoro esos tiempos, cuando todos íbamos a desayunar juntos y nos conocíamos mucho mejor de lo que las circunstancias actuales hacen posible.

Aunque es difícil, me gustaría que nunca perdiéramos algunos de los valores de esa época, como eran la sincera amistad que había entre los compañeros y la desbordante ilusión por el siguiente proyecto.

Y ahora que ya somos lo que llaman una mediana empresa, nos damos cuenta lo que todo ha cambiado desde entonces.

Muchas etapas hemos superado: el día que ganamos el primer concurso, las UTEs a medias con las grandes, el nacimiento de Viafirma, nuestro primer producto de verdad…

Quiero agradecer a todos los que están haciendo posible este sueño: los compañeros actuales y los que quedaron en el camino, los buenos clientes y también a los no tan buenos, a los partners y a los amigos en general que siempre estuvieron dispuestos a echar una mano.

Y ahora que nos vamos ganando el respeto de los grandes, me gustaría que nunca perdiéramos esa frescura de los primeros tiempos.

Por otros diez, o cincuenta años más…

Antonio Cabrera

Consejero Delegado del grupo Viavansi

Antonio Cabrera, consejero delegado del grupo Viavansi

Primer Torneo de Ajedrez

30 may 2007

Sorprendentemente, a juzgar por la inquietud de su carácter, mi hijo Pablo está mostrando mayor afinidad por el ajedrez que por el fútbol. Eso al menos por el momento.

Y aunque uno lleva retirado ya muchos años del noble arte de la diosa Caissa, no deja de tocarme la fibra sensible que mi vástago sienta la misma inclinación que yo padecí hace ya muchos años.

Lo siento, pero no puedo ocultar mis simpatías por los frikis de cualquier índole o condición, cuando se muestran en todo su esplendor. Y unos de ellos es el monitor de Pablo, trabajador jubilado de CASA que descubrió el ajedrez con más de cuarenta años, y que ahora se dedica a él en cuerpo y alma, reconociéndose humildemente jugador de tercera. No sólo imparte las clases desinteresadamente en el colegio público de Palomares, La Rehuela, sino que además se ofrece para dar clases particulares a domicilio en las mismas condiciones…

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Aunque reconozco los efectos positivos que puede tener el ajedrez en la formación del carácter de los niños y en el desarrollo de su intelecto, pienso que es una disciplina no exenta de riesgos. Personalmente, si hubiera empleado el tiempo que dediqué al tablero al aprendizaje de idiomas, hoy hablaría hasta el sánscrito. Y todo ello para no pasar de ser un jugador bastante mediocre… Nunca me olvido del excelente ambiente ajedrecístico que gozábamos en la Facultad de Empresariales, con un equipo de lujo que tuve el honor de integrar junto a Manolo Rivas, entonces campeón de españa, y Ricardo Montecatine, además de otras celebridades de los escaques. Sin embargo, y a pesar de su indiscutible capacidad intelectual, casi ninguno de ellos furon capaces de culminar con éxito las titulaciones académicas emprendidas. Y voy a dejar el “casi” para dejar algún margen al error.

Como para Pablo era un gran acontecimiento, unos días antes estuve enseñándole algunas argucias básicas, para fomentar su interés por el juego, y para que un posible buen resultado en el torneo le sirva de motivación para que mantenga la constancia necesaria. Aprendió el mate pastor y algunas celadas propias de la apertura italiana, que deberá abandonar en favor del estilo posicional cuando se enfrente a jugadores de mayor rigor.

El torneo estuvo organizado bajo el sistema Suizo, es decir, eliminándose por enfrentamientos hasta que sólo quede uno.
Ya en la primera ronda le tocó en suerte a un jugador muy bien considerado por los que lo conocían, que venía acompañado por su madre, todo orgullo ella de la afición demostrada por su hijo. Y allí estaba él; sereno, pausado, con las pautas de conducta propias de un Gran Maestro dispuesto a disputar del match valedero por el título mundial. Enfrente Pablo; que no paraba de de dirigir morisquetas a su público que éramos su padre y Adela, su amiga del alma, que por afinidad personal se había inscrito en el mismo torneo.

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Pablo, que jugaba con las blancas, inició el juego con peón de rey. Su oponente no supo defenderse del mate pastor, y en la cuarta jugada lo tenía listo para dar mate en P7AR. Entonces, en lugar de ejecutar sin piedad el movimiento de dama tantas veces practicado, jugó C3T, dejando pasar una oportunidad que a la larga le costó la partida.

No obstante, lejos de adoptar una actitud de frustración se acercó y dulcemente me dice: ¿Sabes Papá? me dió pena ganarle tan pronto…

Adelita no encajó su derrota con la misma actitud; terminamos todos rodeándola para explicarle que el ajedrez no es más que un juego, tan desconsolada estaba ella…

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